MADRID 30 Jun. (OTR/PRESS) -
Naturalmente falta ver la letra pequeña, las condiciones que Europa va a poner para evitar la caída libre de España e Italia y así salir del hoyo sin retorno que hubiera supuesto para todos ese desastre. Porque esta es la primera reflexión que creo debería hacerse: el "triunfo" tras la larga noche de los números, es de todos porque lo que estaba en juego era el Euro como denominador común de una Unión Europea que podía irse al traste si se abandonaban a su suerte las economías de Italia y España. El Gobierno de la señora Merkel y otros países del Norte presionaron hasta donde pudieron pero -intuyo- sabiendo que en un momento dado tendrían que ceder a las demandas del Sur porque la bancarrota en el Mediterráneo era un chapapote que les inundaría también a ellos.
Lo que han decidido al fin es lo único posible en un mundo tan globalizado y en una Europa sólo hilvanada por su moneda única. Porque la Unión Europea a día de hoy es casi una entelequia, la sombra sólo del sueño de los viejos europeístas con un amago de Constitución común de la que ya nadie habla ni se recuerda y con un Parlamento desbordado y tan inútil como nuestro Senado. Cuando entonces, cuando el dinero fluía y los desastres ni tan siquiera se sospechaban, cuando el Euro doblegaba al dólar y se abría la puerta de la Unión a países del Este que tal vez no reunían las condiciones necesarias pero que estaban apoyados por la poderosa Alemania, cuando nadie se cuestionaba si el estado del bienestar -ese logro fundamental y ejemplar del Continente- podría sostenerse sin más por los siglos de los siglos, creíamos que estábamos a punto de tocar la gloria y vivimos sin previsión. Luego pasó lo que pasó en EEUU y la vieja Europa cayó en la cuenta de una realidad dolorosa: la Unión tenía los pies de barro porque sólo era un mercado sin otra cohesión moral o política. Y aunque ahora miren por encima del hombro, lo cierto fue que las grandes potencias continentales tuvieron que adecuar las leyes para sanear sus propias economías y salvarse con todos de la quema. Es verdad que lo hicieron pronto y que lo hicieron bien; es verdad que ajustaron, sufrieron y comenzaron a mejorar cuando en el Sur -y hablemos ya de España- con una torpeza verdaderamente sorprendente se seguía despilfarrando con ayudas y subvenciones sin sentido, gastando lo que no se tenía y negando además que la crisis nos afectara. Ah si entonces se hubieran hecho los recortes necesarios. Pero ya es inútil volver al pasado.
Lo ocurrido en la larga noche de los números pone las cosas un poco en su sitio y pese a que todos estaban en riesgo, hay que reconocer que el órdago de España e Italia fue arriesgado y se ganó. Rajoy jugó sus bazas y las jugó bien y reconforta escuchar que el PSOE le apoyaba en este envite. Se ha ganado una partida que era crucial pero aun queda por ver a cambio de qué. Y naturalmente que va a haber cesiones porque en un mercado nadie da por caridad cristiana sino que presta y quiere saber cómo se administra lo prestado. Pero eso es lo lógico y poner ahora el acento en las contraprestaciones es tan absurdo como mirar los efectos secundarios de un desfibrilador ante un paro cardiaco. Creer que ya está todo resuelto sería otro gran error y el PSOE -solo es una sugerencia- debería plantearse si no es mejor seguir apoyando los ajustes que descalificándolos por sistema. No digo yo que todos -el tema de la Sanidad, por ejemplo, se debería repensar muy seriamente el Gobierno- pero sí los que el propio PSOE sabe que son dolorosos pero necesarios.