MADRID 2 Nov. (OTR/PRESS) -
La senda reformista que el Gobierno español tomó la pasada primavera, con el duro plan de ajuste fiscal como pistoletazo de salida, la reforma laboral como estandarte, los cambios en el modelo de pensiones como próxima meta volante y la Ley de Economía Sostenible (LES) como destino final de legislatura, tiene en Suecia un antecedente de éxito sin parangón, sugiere este lunes en un artículo periodístico El Confidencial. De hecho, sostiene, no pocos expertos eligen a la mayor economía escandinava -con permiso de Noruega, que le sigue a rebufo- como arquetipo de las sustanciales y necesarias modificaciones en el patrón de crecimiento español para retornar a la estabilidad financiera y asegurar un dinamismo sostenible. El presidente español, que acaba de remodelar su Gabinete para, según sus propias palabras, "acelerar las reformas", asentar "la recuperación de la economía y el empleo" y "explicar mejor" -o, dicho de otra forma, aplicar pedagogía- a estas transformaciones, debería echar un vistazo a la hoja de servicio reciente y a la agenda futura de su colega Fredik Reinfeldt, flamante vencedor de las elecciones suecas, el pasado 19 de septiembre, y último jefe de Gobierno de centro-derecha en asumir -en este caso, renovar- el cargo en Europa. En especial, para analizar el ensalzado sistema de pensiones sueco y su reconocido liderazgo mundial en competitividad, tecnología, sostenibilidad medioambiental e igualdad de género. ¿Qué incógnitas ha logrado despejar Suecia, la segunda economía -tras la danesa-, con una presión fiscal más alta -el 46,9% de su PIB- para mantener tan generoso Estado de Bienestar con pensiones sustanciosas, una Educación y una Sanidad de reconocido prestigio, saneamiento presupuestario, que ha coqueteado, al comienzo de esta década, con el pleno empleo y que ha adquirido un estatus incuestionable de inversor internacional?, se pregunta El Confidencial. Y responde: Tanto en materia de pensiones como de políticas sociales y económicas en general, la solución ha pasado por confeccionar un calendario constante de reformas para adecuarse a los ciclos de negocios y preservar la salud de sus arcas estatales. Un hecho que no ha pasado desapercibido para la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, que maneja informes -preparatorios de los cambios que se avecinan en el Pacto de Toledo- en los que sitúa a Suecia en el bloque de países más reformistas. Se explica seguidamente que el viraje de las pensiones en Suecia se inició en 1993, año en el que la economía española emprendió el ciclo de crecimiento más prolongado de su historia y que tocó a su fin en el último tramo de 2008. Es decir, en la última victoria socialista con Felipe González de cabeza de cartel electoral. Desde entonces, Suecia -gobernada por socialdemócratas en 61 de los últimos 74 años- puso en marcha un modelo dual, público-privado, en el que el cómputo de las pensiones resulta variable porque se basa, por un lado, en las aportaciones individuales que cada trabajador que pasa a situación de retiro ha realizado a lo largo de toda su vida laboral -en lugar de depender de la población activa- y, por otro, de las rentas obtenidas a través de los varios centenares de fondos privados de inversión -de carácter personal- y otros gestionados desde las empresas. Fue el principio del fin del vetusto sistema de reparto y su sustitución por uno de capitalización que, a tenor del diagnóstico de los analistas, tiene en cuenta la variabilidad de los ingresos futuros. Dicho de otro modo, y en palabras de Elisa Chuliá, profesora de la UNED -quien en un informe para Funcas elige a Suecia entre los países que "han abandonado la lógica de la prestación definida, sustituyéndola por la de contribución definida"- en el país escandinavo se eligió "la introducción de las cuentas nocionales, lo que implica que los beneficiarios no obtienen una pensión en función de sus salarios -o sus bases contributivas, que se establecen a partir de sus salarios registrados-, sino de sus contribuciones efectivas al sistema, que se van anotando en una cuenta individual ficticia y, posteriormente, en el momento de la jubilación, se revalorizan en función de determinados criterios". En su análisis, publicado en el último número de Panorama Social, editada por la Fundación de las Cajas de Ahorros, identifica a España -en cambio- como "el Estado miembro de la UE que, probablemente, ha adoptado menos reformas basadas en criterios de mantenimiento del equilibrio financiero futuro del sistema de pensiones".
Con su método de cálculo, los jubilados suecos no parecen tener demasiadas razones para las quejas. Con las pensiones mínimas garantizadas, próximas a los 1.000 euros mensuales, la 'nómina' puede duplicarse e, incluso, triplicarse, de manera habitual. Además, cada vez son más numerosos los trabajadores que deciden sobrepasar los 65 años de la edad de retiro porque, más allá de este tope legal, la factura engorda considerablemente. A pesar de que, en los últimos ejercicios, como consecuencia de la dura recesión que ha soportado el país -con números rojos de dos décimas en 2008 y del 4,5% el pasado ejercicio- las pensiones hayan experimentado recortes de entre el 3% y el 4%. Una opción -la del recorte de las pensiones- que no por criticada resulta socialmente cada vez más aceptada en beneficio de la sostenibilidad del sistema. No en vano, Suecia, como España, el conjunto de Europa y Japón, son las latitudes que más soportarán las consecuencias del envejecimiento de la población. Pese a la alarma generalizada en Occidente, Suecia presenta unos números presentes correctos y unas previsiones financieras optimistas para hacer frente a este fenómeno. Un reciente estudio de Standard & Poor's, que compara parámetros sociales de 49 países, cifra en el 9,6% del PIB el gasto que el Gobierno de Estocolmo destinará a sus suculentas pensiones este año, siete décimas por encima del español. Sin embargo, contabilizados los efectos colaterales del envejecimiento social a cada economía, España elevaría hasta el 15,5% estos desembolsos en 2050, frente al 9% de Suecia, cuya factura, paradójicamente, sería más reducida en el ecuador de este siglo que en la actualidad. La clave es una fulgurante reanimación de la economía sueca debida a su potente sector exterior. En su doble dimensión exportadora e inversora, con grandes multinacionales como Electrolux, Ericsson o Volvo, y unos flujos de capital y ventas fuera de sus fronteras muy diversificados en bienes, servicios y mercados geográficos. Pero, sobre todo, este salto sueco a cotas tan elevadas de fundamentos económicos impulsores de la productividad se ha producido con un alto grado de paz social.