La esperanza de vida de un paciente con VIH, hepatitis C crónica y cirrosis hepática se estima en un año, según expertos

Europa Press Ciencia
Actualizado: sábado, 8 octubre 2005 17:07

CORDOBA, 8 Oct. (EUROPA PRESS) -

La esperanza de vida de un paciente con VIH, hepatitis C crónica y cirrosis hepática se estima en un año, según destacaron ayer distintos expertos reunidos en Córdoba, en el marco de las IX Jornadas de Sanidad Penitenciaria.

Según destacó el viernes el comité organizador de este evento en un comunicado, más de 4.000 reclusos de Andalucía están infectados por el virus de la hepatitis C, lo que supone el 35 por ciento de la población reclusa.

Además, dicho Comité indicó que la mitad de éstos reclusos están coinfectados por el VIH, lo que provoca una evolución rápida del paciente con hepatitis C crónica hacia cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado.

Señaló que el trastorno hepático es la primera causa de fallecimiento en este grupo de pacientes, superando a la mortalidad producida directamente por el VIH. De hecho, los expertos estiman que un paciente coinfectado y con cirrosis hepática avanzada tiene una esperanza de vida de un año.

Frente a este problema, el doctor Pablo Saiz de la Hoya, de los Servicios Médicos del Centro Penitenciario Alicante I y coordinador del Documento de Consenso sobre 'Manejo de la hepatitis C en el Medio Penitenciario', destacó que la coinfección en el medio penitenciario requiere "de una intervención multidisciplinar formada por médicos de prisiones, hepatólogos e infectólogos".

En cuanto a los tratamientos, el doctor Juan Ignacio Esteban, del Servicio de Hepatología del Hospital se refirió a la terapia combinada de 'peginterferón alfa-2b' más 'ribavirina' adaptada al peso de cada paciente para el tratamiento de la hepatitis C en pacientes infectados por el VIH, ya que, según dijo, se obtiene una eficacia similar a la de los pacientes monoinfectados cuando se optimiza el cumplimiento terapeútico.

"De hecho --añade este experto--, cuando se trata de pacientes coinfectados en prisiones, la eficacia podría acercarse aún más a la conseguida en personas monoinfectadas, debido al estrecho seguimiento que se puede realizar a los reclusos coinfectados durante el tratamiento, lo que debería repercutir en una adherencia óptima al mismo".

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