MADRID, 11 Abr. (EUROPA PRESS) -
Un acusado de matar a martillazos a una compañera del trabajo, cuyo cadáver ocultó en el cuarto de la limpieza de un bloque de viviendas de Pinto, ha manifestado en el juicio que le dio un arrebato, reconociendo que solo recuerda que le golpeara en una ocasión y no que la "machacara la cabeza".
"No recuerdo tantos golpes. Todo fue muy rápido. La última imagen que tengo de ella es que estaba en el suelo tirada. No recuerdo haberle machacado la cabeza. Me marché asustado y luego reaccioné", ha declarado Constancio M. H., quien se sienta desde hoy en el banquillo de los acusados por un delito de asesinato con alevosía y ensañamiento. Los hechos son juzgados por un Jurado Popular de la Audiencia de Madrid.
Se le acusa de matar en junio de 2014 a su compañera, una trabajadora de la limpieza de 50 años cuyo cuerpo destrozado fue encontrado por un vecino en un cuarto de un bloque de viviendas de Pinto. Se estima que le propinó hasta 30 martillazos en la cabeza, lo que le produjo la pérdida de la masa ósea. El acusado debía a la fallecida 500 euros.
En su declaración, el acusado ha explicado de forma pausada y tranquilo que tenían una relación laboral con la mujer y que la veía de lunes a viernes, ya que la recogía todos los días desde hace más de tres años. "Ese día fuimos a trabajar. A las ocho la llevé a un polígono de Pinto y la dije que si podíamos comer después. A las doce fui a hablar con ella y luego lo que pasó", ha relatado, indicando que tenía una deuda de unos 500 euros.
Así, ha comentado que la víctima le reclamaba la deuda de manera insistente, una vez por semana. "Me incomodaba. Hablé con ella y el 3 de junio era para solucionar este tema", ha agregado. El procesado estuvo esperando a la mujer durante unos veinte minutos, portando su mochila de herramientas.
Respecto a los hechos, ha insistido en que el martillo que llevaba no era "para matar a nadie". "Mi intención era hablar con ella. Me dijo que la acompañara abajo, donde estaban los productos de limpieza. Yo quería hablar con ella y estábamos en la calle, delante de todo el mundo", ha añadido y ha precisado que llevaba 100 euros para dárselos.
"Le propuse que lo que fuera reuniendo se lo daría. Me dijo que no y me empujó. Allí es cuando empezó el problema. Le insistí. Me di la vuelta para irme y fui a coger la mochila, ella se giró. Y ahí cogí el martillo y la golpeé con el martillo en la cabeza", ha narrado.
"Cayó sentada y perdió el conocimiento. No recuerdo que fueran treinta golpes. Todo fue muy rápido", ha agregado el procesado, insistiendo en que "todo fue muy rápido". "Cuando ocurrió aquello mi primera intención fue marcharme al ver lo que había pasado", ha dicho. Después, se fue a otro portal y se lavó las manos al ver que estaban llenas de sangre.
EXIMENTE COMPLETA
Su abogado ha expuesto que a su cliente se le debe aplicar la eximente completa del artículo 20.1 por alteración psíquica, dado que los hechos se produjeron por un arrebato que le afectó a su personalidad. De forma subsidiaria, ha solicitado que se le aplique varias atenuantes, como la de la confesión y colaboración con la Justicia.
La fiscal y la abogada de la acusación particular, que defiende a los dos hijos de la fallecida, han defendido que los hechos constituyen un delito de asesinato, dado que el hombre se ensañó con la víctima, a quien "reventó" la cabeza al darle hasta 30 golpes. "La brutalidad fue extrema. Llevaba el arma homicida en la mochila", han dicho.
Además, ambas partes se han opuesto a que se le aplique la atenuante de confesión, ya que no le quedó más que reconocerlo veinticuatro horas después cuando ya estaba detenido.
HECHOS JUZGADOS
Según el fiscal, el día 3 de junio de 2014, sobre las 5.50 horas, el acusado, compañero de trabajo de la fallecida en una empresa de limpieza, la recogió en su domicilio, como hacía habitualmente, para dirigirse juntos en el vehículo de la empresa a desempeñar sus labores profesionales.
Durante el trayecto, la mujer preguntó a Constancio sobre una deuda que tenía contraída con ella. Tres meses antes de los hechos, ésta le había prestado 500 euros para unos gastos personales. Ante la insistencia de la mujer, el acusado respondió que aún no tenía el dinero.
Después de trabajar juntos en varios portales de Pinto, sobre las 08.15 horas, Constancio trasladó a su compañera a otra zona de la localidad, y cada uno de ellos continuó sus labores en sus portales asignados, ya por separado. Sobre las 12 horas, el acusado se montó en el vehículo de la empresa y se dirigió a uno de los portales donde sabía que tenía que trabajar su compañera.
Aparcó el coche, cogió la mochila en la que guardaba un martillo y la estuvo esperando en la calle, en las inmediaciones de dicho portal. El acusado golpeó a la mujer con una fuerza tal que consiguió tirarle al suelo donde continuó golpeándole con el martillo, con clara intención de acabar con la vida, propinándole un total de 30 martillazos aproximadamente, recibiendo la víctima más de veinte contusiones en la cabeza y el resto en el cuerpo.
Con tales golpes, múltiples y reiterados, el acusado aumentó de manera deliberada y consciente el dolor de la víctima por las continuas heridas que le iba causando, sabiendo, además, que no podía recabar ayuda por encontrarse en un cuarto cerrado con una única puerta y siendo consciente de su próxima muerte, lo que, unido al dolor físico, le provocó una prolongada agonía antes de su fallecimiento.
Tras finalizar la agresión, el acusado cerró la puerta dejando a la víctima tendida en el cuarto sin que nadie pudiera percatarse desde fuera de su presencia, abandonó el lugar de los hechos y se dirigió al cuarto de la limpieza de otra comunidad de vecinos, cuyas llaves tenía por motivos laborales, donde se lavó las manos para, a continuación, seguir con su trabajo y, al finalizarlo, acudir a su domicilio, limpiar las zapatillas que llevaba y tirar en un contenedor la bolsa de trabajo, la ropa y el martillo.