MADRID, 31 Mar. (EUROPA PRESS) -
En España, la reincorporación a la conducción tras largos periodos de inactividad puede representar un riesgo creciente en las carreteras. Durante 2024, 1.154 personas fallecieron en siniestros de tráfico, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT).
Aunque existen muchos factores implicados en un accidente de tráfico, estos datos reafirman la necesidad de mantener habilidades al volante actualizadas. Especialistas en formación vial, como los expertos de autoescuelas RACC, alertan sobre las consecuencias de perder la práctica y recomiendan cursos de reciclaje orientados a quienes se enfrentan de nuevo a la conducción. La recuperación de destrezas prácticas y la actualización normativa son claves para mejorar la seguridad y reducir errores críticos.
CONDUCIR TRAS UNA PAUSA PROLONGADA: RIESGOS Y DIFICULTADES FRECUENTES
Abandonar la conducción durante meses o años puede suponer una merma importante en la capacidad de reacción y seguridad del conductor. Esta situación afecta especialmente a personas que, por motivos personales, profesionales o de salud, han dejado de conducir durante un periodo extenso. Al retomar el volante, muchos manifiestan inseguridad, dudas sobre maniobras básicas o desconocimiento de cambios recientes en la normativa.
Entre las dificultades más frecuentes se encuentran los problemas para calcular distancias, el uso inadecuado de los espejos, el nerviosismo en vías rápidas o la lentitud para adaptarse a situaciones imprevistas. Estas carencias elevan el riesgo de sufrir o provocar accidentes, especialmente en entornos urbanos y tramos con alta densidad de tráfico.
Además, la evolución del parque móvil exige una adaptación constante. Sistemas de ayuda a la conducción, nuevos formatos de señalización y vehículos más automatizados son ahora comunes en carretera. Sin una actualización adecuada, es fácil cometer errores al interpretar alertas, gestionar dispositivos o aplicar técnicas de frenado y aceleración.
Hay que tener en cuenta que la falta de hábito al volante puede ser tan peligrosa como la imprudencia. La conducción es una actividad compleja que requiere atención constante, toma rápida de decisiones y dominio del entorno. Quienes pierden la práctica no solo ven reducida su eficacia, sino también su capacidad de anticipación, lo que incrementa el riesgo de colisión.
FORMACIÓN ESPECIALIZADA: CLAVE PARA UNA REINCORPORACIÓN SEGURA
Conscientes de esta problemática, expertos del sector como los de las autoescuelas RACC recomiendan realizar cursos de reciclaje orientados a personas que necesitan recuperar soltura y confianza al volante. Estas formaciones permiten repasar maniobras esenciales, adaptarse a nuevos entornos de tráfico y actualizarse sobre la normativa vigente.
Los cursos suelen combinar teoría y práctica. En la parte teórica se revisan señales actualizadas, límites de velocidad, uso de rotondas o cambios en la prioridad de paso. También se abordan normativas recientes relacionadas con movilidad personal, zonas de bajas emisiones o uso obligatorio de sistemas de retención infantil.
En cuanto a la práctica, se trabaja con situaciones reales: circulación por ciudad, autovía, aparcamientos, incorporaciones o adelantamientos. Bajo supervisión profesional, el conductor puede corregir vicios adquiridos, recuperar destrezas y adquirir mayor seguridad en sus decisiones.
Desde autoescuelas RACC destacan que estos cursos no solo benefician a personas mayores. Conductores de mediana edad que han pasado años sin conducir también pueden tener dificultades con la fluidez del tráfico moderno o con tecnologías que no existían cuando obtuvieron su carné. La actualización no implica volver a aprender desde cero, sino reforzar los conocimientos y adaptarlos al contexto actual.
La recuperación del hábito también tiene un componente emocional. El estrés, la falta de confianza o el miedo a cometer errores pueden afectar la conducción. La formación con instructores cualificados permite avanzar de forma progresiva y segura, en un entorno controlado y sin presión externa.
LA SINIESTRALIDAD EN CIFRAS Y EL PAPEL DE LA PREVENCIÓN ACTIVA
Los datos de la Dirección General de Tráfico confirman que la siniestralidad en las carreteras españolas sigue siendo elevada. En 2024 se produjeron 1.040 accidentes mortales, con un balance de 1.154 fallecidos y 4.634 personas heridas graves que requirieron hospitalización.
La mayoría de los siniestros se concentraron en vías convencionales, especialmente en fines de semana y durante desplazamientos de ocio. En cuanto a el número total de accidentes de tráfico, aún no se han publicado las de 2024, pero en 2023 hubieron 101.306 siniestros en España, una cifra alarmante.
Aunque son muchos los factores que influyen en un accidente de tráfico, la preparación del conductor es determinante. Una persona bien formada, actualizada y segura en sus capacidades tiene más posibilidades de evitar errores y reaccionar correctamente ante imprevistos.
Los expertos del ámbito vial, como los de autoescuelas RACC, coinciden en que la formación continua debería considerarse una herramienta preventiva, al igual que las revisiones médicas o el mantenimiento técnico del vehículo. Conducir es una habilidad que se puede deteriorar si no se practica, y recuperarla requiere acompañamiento profesional.
La reducción de víctimas en carretera es un objetivo compartido por las instituciones, los formadores y la sociedad en general. Invertir en formación para quienes han dejado de conducir no solo mejora la experiencia individual, sino que contribuye a la seguridad colectiva.
La transformación constante del entorno vial exige conductores preparados y conscientes de los nuevos retos en carretera. Volver a conducir tras un periodo de inactividad requiere algo más que voluntad: es necesario contar con herramientas que garanticen una adaptación segura. La formación específica que ofrecen centros especializados como las autoescueslas RACC permite retomar la conducción con confianza, reduciendo riesgos y mejorando la convivencia en la vía pública.
(Información remitida por la empresa firmante)