Publicado 28/10/2025 08:01

Fernando Jáuregui.- El partido contra Sánchez se juega fuera

MADRID 28 Oct. (OTR/PRESS) -

Pues claro que me disgusta la victoria legislativa en Argentina del partido de Javier Milei, que lleva el engañoso título de La Libertad Avanza. Ya lo dijo en 1793 Madame Roland, heroína de la revolución francesa, que acabó decapitándola, contemplando la guillotina que iba a matarla ante la estatua de la libertad: "Oh, libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre". Lo primero que muere en la hermana Argentina es la buena educación; lo segundo, la moral política, con una victoria electoral impulsada desde una clara y aceptada injerencia de Trump en los asuntos internos de otra nación.

A nosotros, los españoles, esa alianza de hierro Trump-Milei no puede dejarnos indiferentes: demasiados intereses económicos y personales en juego, y me abstengo de dar aquí cifras ya bien conocidas. Y al Gobierno instalado en La Moncloa le ha de dejar menos indiferente aún. Tanto el presidente norteamericano como el revalidado argentino han mostrado con creces ser muy, pero que muy, poco simpatizantes de Pedro Sánchez. Y son, como Nicolás Maduro -al que tampoco gusta mucho, diga lo que diga Zapatero, la persona de Sánchez--, unos políticos impensables, pésimamente educados. Capaces de casi todo, incluyendo destrozar las normas internacionales de convivencia y cortesía.

Yo diría que el futuro de Sánchez se juega más en el exterior, incluyendo, claro, Perpignan y/o Waterloo, que en los lances en el interior que denuncian las portadas de tantos medios. Sánchez, que incluso se permite deformar la verdad acerca del apoyo alemán a la introducción del catalán (y el euskera y el gallego) como lengua cooficial en la Unión Europea, irritando bastante a Berlín, tiene la credibilidad bastante mermada en Europa, se lleva muy mal con la OTAN 'trumpista', es, claro, enemigo de Putin y suscita recelos en demasiadas partes del mundo, e incluyo aquí a China, que no parece asumir del todo que España sea un aliado. De Netanyahu, claro, ni hablamos.

Sánchez, y no es el único líder europeo, se encuentra algo varado entre el creciente poder de la alianza chino-india-rusa y los otros 'brics' que los apoyan, y la evidente pérdida de influencia de Occidente en general y de la UE en particular. Antes, España descansaba en una mayoría de países latinoamericanos, pero ahora ya no puede hablarse de Iberoamérica como un todo asumible, porque la inestabilidad y la diversidad de regímenes han fragmentado el subcontinente. Casi nada de esto, excepto lo de Waterloo/Perpignan, es culpa de Sánchez, pero la situación es la que es y el presidente español ya no puede esperar rentabilidad de su hostilidad a Trump, de su combate contra el Gobierno de Israel ni de su palmito en las alfombras rojas europeas.

Todo en su entorno se ha deteriorado mucho, y ya digo que prefiero no hablar hoy de su debilidad parlamentaria, ahora incrementada por Puigdemont, ni de su acorralamiento, que podría resumirse en su comparecencia, a la que yo no doy sin embargo mucha trascendencia, ante la comisión 'anticorrupción' en el Senado, donde sospecho que el PP 'olvidará' preguntar por la situación de España en la tormenta mundial. Y ya digo que, en mi opinión, la victoria de Milei, ese personaje estrafalario, no amaina precisamente esa inmensa dana en la que estamos inmersos.

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