Publicado 27/10/2025 08:00

Francisco Muro de Iscar.- La perversión del Poder Judicial

MADRID 27 Oct. (OTR/PRESS) -

El Consejo General del Poder Judicial, un año después de su casi imposible renovación -cinco años de retraso y de incumplimiento constitucional-, ha aprobado cambiar la estructura de sus comisiones con once votos a favor, más el de su presidenta y nueve en contra. El Consejo está formado por diez vocales "progresistas", designados por el Gobierno, y diez vocales conservadores, nombrados por el PP. Aunque todos ellos son "independientes", en casi todas las votaciones importantes donde hay contenido político votan diez contra diez. Todos ellos no han sido capaces de acordar y proponer al Parlamento, como éste les ordenó y como Europa exige, un nuevo sistema de elección de este órgano, con mayor peso de los vocales elegidos directamente por los jueces y no por el Parlamento, como sucede ahora, porque presentaron dos proyectos diferentes y cada vocal votó el suyo y la presidenta se abstuvo. Así que todo sigue igual y la Comisión de Venecia, que acaba de estar en España, ha reiterado que el actual sistema no vale y que la legitimidad de la judicatura y de los consejos judiciales emana de la Constitución y del respeto a las leyes y no de la sumisión a acuerdos políticos sobre el nombramientos de sus miembros.

Lo que parece grave es que la decisión libre, legítima e independiente de un vocal del Consejo, elegido por Sumar, y de la presidenta, también situada a la izquierda, de votar la propuesta de los "conservadores" haya sido criticada por el sector progresista que ni siquiera propuso una lista completa de renovación de cargos. Un vocal "progresista", excelente jurista y seguramente el más cercano a Pedro Sánchez ha amenazado con su dimisión y todo el resto de ese sector ha hecho un duro comunicado en el que acusa a la presidenta de "ignorar el consenso" y de "quebrar las condiciones básicas de confianza entre los vocales" de forma "innecesaria y perturbadora". Los progresistas, que presidirán la mayoría de las comisiones, acusan al vocal "traidor" de no seguir la disciplina de voto. Y esa es la clave. Los vocales del Consejo, de larga trayectoria en el mundo de la justicia, se quejan de que un vocal designado por razones políticas no sigue la disciplina de voto, lo que demuestra que les han puesto ahí, y ellos han aceptado, para votar lo que convenga a otros y no para lograr un buen gobierno de los jueces y una mejor justicia. De que no están ahí por lo que saben sino por la seguridad de lo que van a votar. Lo mismo sucede en el Tribunal Constitucional, donde todas las votaciones importantes que afectan al Gobierno o a sus intereses se deciden siempre por la misma mayoría -7 a 5- sin que hasta ahora esa "disciplina de voto" se haya roto ni una sola vez y ninguno de los magistrados haya discrepado, por razones de conocimiento jurídico o por la misma esencia de los asuntos. Al menos eso hace firme la sospecha de que la ideología y la dependencia por su procedencia tienen más peso que el respeto a la ley. Y a mí, esto me parece más grave, más perverso que todo lo demás que está pasando en la justicia, posiblemente en uno de sus más delicados momentos.

Esto va así ahora: vocales del Poder Judicial que se indignan porque otros rompen "la disciplina de voto; periodistas que se atreven a hacer preguntas "antipatrióticas y son acosados por ministros en las redes; jueces que se atreven a investigar a ministros, altos responsables de partidos o personas cercanas al presidente y son acusados de prevaricadores por políticos y tertulianos; abogados que defienden a "los malos" como si éstos no tuvieran derechos; fiscales que dicen que mentir en una Comisión de Investigación no es delito; instituciones como el Consejo de Estado que alertan del riesgo de designar fiscales "ad hoc"; un fiscal general que designa al fiscal que debe acusarlo y defender los interés de los ciudadanos; vídeos que desaparecen en un juzgado y aparecen publicados en un periódico; políticos con responsabilidad partidista que se atreven a decir públicamente que "PP y Vox son ETA"; director de un instituto cultural prestigioso, nombrado a dedo por los políticos, que acusa públicamente al director de otra institución cultural de mayor prestigio y relevancia, elegido por sus miembros.

Claro que debería ser importante saber a quién y, sobre todo, a qué se es leal. ¿A quien manda y a quién te ha puesto en el cargo o a la verdad, a la conciencia y a la esencia, al ADN de lo que se representa? Lo ha dicho Byung Chul Han: "la auto explotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad".

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