Foto: BEGOÑA MARCO
Por Begoña Marco.
Existe un lugar en Francia donde los burros llevan pantalones, las flores son más altas que los niños y se ha desafiado a la naturaleza con un puente que ha convertido una isla en tierra firme.
Ile de Ré es un lugar idílico en la costa atlántica francesa en el que hay casi tantas bicicletas como personas, los helados pueden tener virutas de oro, la luz es dorada al atardecer y hace buen tiempo a pesar de encontrarse más al Norte que Las Landas.
Situada en el departamento de Charente Maritime, Ile de Ré es una isla de 30 kilómetros de largo y cinco de ancho que en 1988 los franceses unieron a La Rochelle por un puente de 2,9 kilómetros, que en verano cuesta 16 euros atravesar.
Lo primero que llama la atención al dejar atrás el continente son las numerosas bicis que inundan sus carreteras. Hay un carril bici que recorre la isla de norte a sur, del faro al gran puente, y que atraviesa sus famosas salinas. Pero las bicicletas también toman las carreteras cuando no hay una vía específica para ellas.
Tras pasar el gran puente y la localidad de La Flotte, que ostenta el honor de ser uno de los pueblos más bonitos de Francia, la carretera costera lleva al viajero hasta Saint Martin de Ré, el puerto principal de la isla, que cuenta con unas fortificaciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Saint Martín está volcada en su puerto, que está repleto de restaurantes en los que comer los típicos mejillones con patatas fritas, pero también hay lugares como Le Bistrot du Marin, donde disfrutar de una buena carne.
Además, hay un local que destaca sobre los demás y que encanta a niños y a mayores. Es La Martinière, una heladería maravillosa, donde se puede elegir entre decenas de sabores y hasta comer un helado con virutas de oro.
BURROS CON PANTALONES.
Otro de los lugares icónicos de la localidad es La Barbette, un parque que se encuentra a los pies del faro del pueblo. Es un enclave verde perfecto para pasear si lo que se quiere es huir del bullicioso puerto. Además, en verano los niños suelen pasear sobre los tradicionales burros de la isla, que van ataviados con pantalones.
Saint Martin es un lugar perfecto como sede para recorrer la isla, ya que condensa la mayoría de la vida nocturna de Ile de Ré. Y por el día puedes ir al mercado para hacerte con los alimentos necesarios para un picnic playero, alquilar una bici y poner rumbo a los rincones perdidos de esta pequeña isla.
Uno de los caminos que recorre Ile de Ré es el que lleva hasta La Couarde sur Mer, lugar situado en una larguísima playa de arena fina. La isla es plana, por lo que se trata de un paseo perfecto para disfrutar de las vistas, de la impresionante bajada de la marea y de los coquetos locales de ostras que hay diseminados por el camino.
UN VIAJE AL FARO DE LAS BALLENAS.
Otro de los viajes obligados tiene como destino 'Le phare des baleines', situado en uno de los extremos de la isla. Al ir, puedes hacer un alto en el camino en Ars en Ré, una pequeña localidad rodeada de salinas, en la que destaca la aguja de su iglesia, que es bicolor.
Es una excursión entretenida, pero también es un viaje al corazón de la isla, ya que se el viaje comienza en la costa, se atraviesan los humedales llenos de aves y las salinas de las que salen la preciada sal de la zona y se llega a un majestuoso faro.
Para la vuelta, huye del mar y atraviesa el interior, que está repleto de viñedos. Y es que Ile de Ré está en plena zona vinícola y cerca de ella se encuentran lugares como Cognac o Burdeos, dos paradas que pueden complementar un viaje de relax a la isla dorada de Francia.